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Musk no compra Twitter, nos compra a nosotros

 
Musk no quiere comprar Twitter, quiere comprar la plaza del pueblo digital, una de las grandes esferas públicas online; quiere controlar la influencia en los líderes de opinión, periodistas y políticos altamente presentes en la red social; quiere controlar nuestra atención (aún más) y quiere, por descontado, ser aún más poderoso.
 
Musk pretende ser el gran salvador no ya de Twitter, sino de la democracia. Promete liberar Twitter del yugo de la centralización, centralizándola en él mismo. Promete iniciar la revolución de la libertad de expresión, la transparencia y la descentralización que internet prometió en sus comienzos y nunca cumplió. Es algo en lo que Twitter, de la mano de su cofundador Jack Dorsey, ya estaba trabajando antes de que Musk entrara en escena. Para ello creó la iniciativa se llama BlueSky, que busca desarrollar un protocolo para una nueva generación de redes sociales descentralizadas y abiertas. Además de Twitter, gran parte del trabajo lo financia el proyecto Next Generation Internet de la Comisión Europea. En él participa, por cierto, Evan Henshaw-Plath, el primer empleado de Twitter, considerado cofundador de la empresa cuando se llamaba Odeo. Me lo contó en esta entrevista ,y hablo más sobre ello en mi libro mi libro ‘Error 404‘.
 
Está por ver si Musk cumple sus promesas, pero lo que es seguro es que eso no quitará para que use su nuevo juguete en su propio beneficio. 
 
Hoy es un día triste para Twitter, hoy es un día triste para todos. Musk no compra Twitter, nos compra a nosotros.
 
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ACTUALIZACIÓN
Este post fue escrito como reflexión breve, pero al hilo de algunos comentarios y peticiones y preguntas lo amplío aquí:
 
1. Musk ha prometido garantizar la libertad de expresión por encima de todas las cosas, y así fortalecer la democracia. ¿Qué tiene de malo?
– Digámoslo así: Twitter es como la plaza del pueblo digital (una de ellas). No ejercer ningún control sobre lo que se publica ahí implica dar libertad a bulos, insultos, incitaciones a la violencia y al crimen, acoso y un largo etcétera. En esa plaza pública nadie querrá entrar.
Si bien limitar la libertad de expresión cuando su ejercicio pisotea otros derechos es algo muy complejo y su abordaje puede conducir a la censura indebida y a los ministerios de la verdad. Me opongo a que empresas privadas (Twitter o cualquiera) puedan decidir quién participa en la conversación, pero también a convertir ese espacio en un lugar ingobernable y violento. Ya hay suficiente bilis en Twitter con el actual e imperfecto sistema, como para alimentarlo. Por otra parte, Musk no podrá hacer todo lo que quiere, pues al menos en Europa le limita la Digital Services Act. Además, Musk propone medidas como verificar automáticamente solo el contenido publicado por usuarios «premium». Eso solo perpetuará los privilegios. ¿Democracia, dice? Además:
2. A quien no le guste, qué se vaya, y punto.
– Twitter se ha convertido en un espacio importante de la esfera pública, para ser parte de la conversación y para el entendimiento mutuo. Salir de ahí significa renunciar a eso, y no tendríamos por qué hacerlo. Tampoco tenemos por qué aguantar que se violen nuestros derechos (cosa que ya pasaba antes de Musk, por cierto). 
 
3. Es esperanzador que Musk quiera abrir su código y acabar con los bots.
– Bueno, no es exactamente eso. Musk habla de transparencia. El problema es que eso es incompatible con acabar con los bots. Ambas cosas no pueden suceder al mismo tiempo.
 
4. Qué más da que ahora Twitter la dirija Musk, si ya estaba controlada por inmorales capitalistas antes, o por otros megalómanos como él (véase Zuckerberg)
– Esto es demagogia pura. Que las cosas ya estuvieran mal en Twitter o que en otras plataformas también cuezan habas, no es excusa para aceptar que siga pasando y que traguemos con lo que venga.
 
Claramente, los problemas de nuestras vidas conectadas van mucho más allá de Elon Musk. El problema realmente no es él, sino el sistema en que opera. Uno que permite que los multimillonarios tengan o adquieran tal poder que puedan modelar las reglas del discurso.
 
Necesitamos un cambio sistémico de la gobernanza online que rompa con la perpetuación de poder y privilegios, con los monopolios y con todos los problemas asociados. Necesitamos equilibrar la balanza, cerrar brechas y desbloquear el poder real de internet para mejorar la vida de todos los ciudadanos.